Se oían todo tipo de idiomas y la mayoría del público eran adultos e incluso entrados en edades mayores, gente con bastón, hasta vi una mujer muy mayor arropada por los que parecían sus nietos y ayudándola a llegar a las gradas. También había gente joven, pero éramos muy pocos, creo incluso que yo era de las más jóvenes del lugar con mis 31 años. De todas maneras eso no influyó para nada en la reacción del público, Tina antes de empezar la primera canción ya nos tenía en el bote. Había muchas ganas por parte de todos de verla, y a la que se apagó la luz el griterío se apoderó del O2.
Las cortinas rojas se apartaron para mostrar lo que estábamos todos esperando, Tina Turner enfundada en sus leggins negros, sus zapatos de tacón de aguja y su melena suelta encima de una plataforma que fue bajando mientras empezaba la primera canción de una gran noche, “Steamy Windows”.

Le siguieron temas como “River Deep, Mountain High”, “Typical Male”, “What’s Love Got to do With it” dónde jugó con nosotros a que cantáramos con ella, “Private Dancer”,... y con unos cuantos de cambios de vestuario, entre ellos el majestuoso vestido de seda roja con el que cantó “Acid Queen”, y que luego resultó ser el complemento del verdadero que llevaba debajo, su precioso y famoso mini-vestido rojo de lentejuelas, que por cierto, le queda como un guante.
De pronto el escenario se quedó a oscuras y aparecieron un grupo de chicos llamados The Ninjas que hicieron un número de acrobacias. Por sus ropas algunos empezamos a intuir lo que estaba ocurriendo en el escenario. Al iluminarlo nuestras sospechas se convierten en realidad. Una infraestructura metálica presidia el centro del escenario y empezaron a sonar las primeras notas de “We Don’t Need Another Hero”, canción principal de la Banda Sonora de Mad Max y la cúpula del Trueno. Entró Tina en escena con un vestido y peluca iguales a los que utilizó en la película. La histeria fue colectiva en el O2 y en una pantalla gigante al fondo del escenario se iban alternando escenas de la película que protagonizó junto a Mel Gibson.




La canción finalizó con un gran estruendo de fuegos artificiales de interior y con él la primera parte. 35 minutos de descanso intermedio para ella y también para nosotros, las emociones acumuladas durante la primera parte fueron enormes y necesitábamos recuperar energía para aguantar lo que sería una segunda parte sensacional.
Por megafonía van pidiendo a la gente que regresaran a sus asientos, que estaba a punto de empezar la segunda parte, y así fue, poco a poco la luz se fue apagando y una pantalla enorme baja hasta situarse delante del escenario. Empezó a sonar la canción “I Don’t Wanna Fight”, y en la pantalla gigante aparecieron fotografías recopiladas de toda su vida. Desde sus inicios, pasando por la época junto a su ex-marido Ike Turner y su camino hasta la cima. Aparecieron escenas de videos de sus miles de conciertos por todo el mundo, fotos con sus compañeros de profesión como los Rolling Stones, Bryan Adams, David Bowie. Y al terminar la canción subió la pantalla y aparecieron ella, sus dos coristas, y parte de su grupo sentados en taburetes para deleitar nuestros oídos con un acústico impresionante, empezando con el tema “Help” que hizo que todo el público se levantase de sus asientos.

Durante la segunda parte fue un no parar de temas antiguos, sonaron “Undervocer Agent For The Blues”, “Let’s Stay Together”, “I can’t Stand the Rain” y “Jumping Jack Flash/Only Rock & Roll”.
Se apagaron las luces del escenario y apareció una chica vestida de lentejuelas doradas marcándose un zapateado que nos dejó con la boca abierta a todos durante un buen rato, tiempo suficiente para preparar otra puesta en escena que nos puso la piel de gallina. Las primeras notas del “Goldeneye” y el ojo elevándose en medio del escenario fueron el detonante que hizo que el público enloqueciera, gritara y aplaudiera una de las entradas mas espectaculares que hizo Tina esa noche. El ojo empezó a abrirse y apareció ella de en medio, vestida en un largo traje negro y dorado, abierto de un lado.
Cambió de ropa, de decorado y de estilo, y cantó “Addicted to Love”, el fantástico “The Best” y se sacó del bolsillo “Proud Mary“ que hizo que todos perdiéramos alguna cuerda vocal cantando con ella.

Su sonrisa no se borró en ningún momento del concierto, solo cuando al final se despidió de todos nosotros y nos presentó a todo su equipo, cada músico por separado, el equipo de sonido, el de luz, sus dos impresionantes coristas y sus “flores”, así llamó a sus bailarinas. Y entre aplausos y con reverencias a nosotros se fue del escenario.


La gente no abandonó sus asientos, gritaban su nombre y pedían un bis. Y así fue, apareció de pronto en el escenario con las ropas cambiadas, llevaba ese atuendo que dio la vuelta al mundo, los leggins negros y la blusa blanca atada a la cintura. Y se despidió de nosotros con el tema “Be Tender With Me Baby”, “Nutbush City Limits” que nos emocionó a todos, pero antes nos obsequió con su bestial , el cuál cantó buena parte de él subida a la enorme grúa que la acercó a su público y donde demostró que ella es única en su especie cuando, subida encima de sus tacones de aguja, se puso a bailar encima del brazo de la grúa, sin protección alguna. ¿Arriesgado? Para una mujer normal de 69 años a lo mejor sí, para ella no, ella es Tina!
Gracias a Petra Wichmann por su colaboración al reportaje con sus fotos, con ellas hemos podido ver más de cerca a la espectacular Tina, ya que las mias fueron tomadas de muy lejos y ella gozaba de un asiento mejor.
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